El problema de los dos cuerpos
Sobre los abrazos huecos
Mary Oliver dice: Solo tienes que dejar que el suave animal de tu cuerpo ame lo que ame. Pero, ¿qué hago si el suave animal de mi cuerpo ya no puede tenerte? ¿Qué hago si mis brazos se abren instintivamente para darte refugio en mi pecho, pero, al cerrarse, sólo envuelven un vacío tembloroso? ¿Qué hago si mis dedos se curvan de forma natural para acariciarte el pelo? ¿Qué hago si mi corazón, instintivamente, se acelera o se ralentiza para latir al unísono con el tuyo? ¿Y qué hago si mis sábanas echan de menos cubrirte, si mis libros echan de menos que los toques, si hasta mi zorro de peluche echa de menos que lo cojas entre las manos, lo alces a la altura de tus ojos y le digas: Hola, encantado de conocerte? Toda mi vida tiende a la tuya, amor mío, y todo mi cuerpo se mueve buscando el tuyo, cada día y cada noche, cada segundo y cada milenio de existencia. Mis ojos miran para reposar en los tuyos, mis manos palpan para entrelazarse con las tuyas, mis labios se abren para fundirse con los tuyos, a ciegas, a ciegas, a ciegas. Se trata de un único y eterno movimiento, un influjo suavísimo, avasallador, gentil e inexorable, como el río sideral que cruza los cielos. En medio de esta corriente sin principio ni fin, mi mente trata de recuperar el control analizando alternativas improbables, conversaciones intensísimas que sé que no tendrán lugar, reencuentros bajo el sol de la tarde que son como salpicaduras de color en medio de un lienzo en blanco. Oh, Dios, oh, Dios, no puedo parar de llorar. Dime que vaya, amor mío, dime que vaya y te juro que me saldrán alas en los pies para llegar hasta ti lo más rápido posible, y cuando llegue te cogeré la cara con las manos y te besaré los párpados y la nariz y las mejillas y los labios, y entonces te miraré con la vista emborronada, pero dará igual, porque tú serás mi refugio y yo seré el tuyo, y todo se habrá acabado y todo habrá empezado de nuevo, y el suave animal del mundo por fin amará lo que ama y yo por fin dejaré de escribir así, encogido en mi cama, con el móvil pegado a mi rostro y los ojos fijos en el icono de WhatsApp, como si todo esto te lo estuviera diciendo a ti y no a mí mismo, como si toda esta intensidad fuera amor y no delirio, fuera conexión y no obsesión, fuera paz y no guerra, paz en vez de guerra, paz en vez de guerra, paz, paz, paz…

El Catálogo de Enfermedades nunca termina.
Me ENCANTA!!!! No solo este texto desgarrador sino el momento de su publicación su irrupción a deshora, eres nuestro Daddy Yankee con tu Llamada de Emergencia.