Dulces penas...
Post scriptum
si hubiésemos nacido hace cien años, te habría escrito una carta con papel perfumado, la habría decorado con flores silvestres y habría exhalado sobre ella todas las tonalidades de la palabra «amor», amor en mayúscula y en minúscula, amor como sustantivo, amor como vocativo, amor como interjección: amor, amor, amor. después, antes de cerrar el sobre, habría metido entre las hojas de papel todos los besos que no puedo darte: los besos en los labios, los besos en la espalda, los besos mientras duermes, los besos mientras lloras. al final, tras cerrar el sobre con el sello del linaje (un lirio de agua, tal vez, cercado por un círculo de hierro), habría escrito tu dirección en el dorso: a la calle de las dulces penas en la ciudad de los abrazos huecos. pero no hemos nacido hace cien años, ni hace cincuenta, ni hace diez mil. nos hemos encontrado en el momento justo, ni antes ni después: el momento en el que no podemos estar juntos. la tinta no se derramará al escribir tu nombre, y yo no veré lo que tú ves, y tú no leerás lo que yo escriba. después de todo, ya nadie envía cartas hoy en día. estamos a un mensaje de distancia, a un movimiento con la yema del dedo. qué íntimo, ¿verdad? este silencio que compartimos, un silencio tan agudo, tan suave y turbador como el sonido de tus uñas acariciando mi piel. mas, oh, amor mío, ¡oh, amor mío!, eso está a punto de cambiar.

Ay qué lindo!!! Qué cambie!!!!! Me ha encantado!!!! Enciende una vela
Menos mal que nosotros nos seguimos escribiendo cartas ❤️